Viajera Literaria: Pequeño error

sábado, 13 de febrero de 2016

Pequeño error

Lo observé a lo lejos. Me acerqué a grandes zancadas mientras sentía como mi corazón palpitaba de tal manera que pensé que se me iba a salir del pecho en cualquier momento. Ese encuentro no traería nada bueno, lo sabía. Pero, ¿Cómo resistirme? Él sabía cómo manejarme, y lo peor era que yo permitía que lo hiciera.

Comencé a acercarme, cada paso que daba significaba un nuevo error, pero no me importó. Me dejé llevar por esas extrañas ganas de tenerlo cerca.

-Hola –susurré cuando llegue junto a él.

Vi su sonrisa llena de satisfacción, esa sonrisa me volvía loca y él lo sabía. No contestó, se limitó a seguir sonriendo.

Tenía los nervios de punta. Él no hablaba y eso hacía que en mi histeria se elevara, ¿qué era lo que quería? ¿Por qué no era directo conmigo? ¿Por qué me importaba tanto lo que él tuviera que decirme?

-No tengo tiempo –dije evitando su mirada.

 A simple vista era frío, pero yo podía ver mucho más allá de sus ojos, veía aún escondida esa ternura que lo caracterizaba y tuve que reprimir el impulso de correr a sus brazos.

-Te amo –se apresuró a decir.

Un nudo se formó en mi garganta, ¿qué responder a eso? Claro que podría haber sido sincera y decirle lo que sentía también, claro que podría haberlo besado y corresponderlo, claro que podría haber tenido el valor de luchar por lo que también amaba. Pero no, me comporté como una cobarde, y me limité a mirarlo, tan fría como jamás había sido con él. Me pregunto si él también pudo leer a través de mis ojos y ver que en realidad me moría por decirle cuanto lo necesitaba.

-Yo no puedo amarte –respondí.

Si, mentía descaradamente, y él lo sabía a la perfección al igual que yo.

-No me mientas, te conozco –dijo con firmeza-

Un nudo se formó en mi estómago, él se acercaba cada vez más a mí y yo no podía, o mejor dicho no quería alejarme. Lo sentía a tan cerca, pero no me tocaba y yo deseaba tanto que lo hiciera.

-¿Me amas? –susurró.

Luché contra mí para que las palabras surgieran, quería poder gritarle ‘’no, no te amo’’,  pero era imposible, no podía ser tan cínica y negar lo que ambos sabíamos. Yo estaba loca por él.  Me limité a desviar la mirada nuevamente, luchando porque las lágrimas se alejaran de mi rostro y el nudo de mi garganta me permitiera hablar. Él se encontraba cada vez más cerca de mí, volviendo más frágil mi capa de orgullo, dejándome indefensa, a sus pies como una idiota nuevamente. 

Y entonces, me besó.

Mi cuerpo no respondía a lo que mi cerebro le mandaba, actuaba solo, como si fuera por instinto. Rodeé su cuello con mis brazos mientras sentía sus manos deslizarse por mi espalda, sentí sus suaves y cálidos labios encajando a la perfección con los míos y soñé con poder vivir para siempre en ellos, lo atraje más a mi dejando así de lado todo el rencor que tenía hacia él y recordando todo lo que lo amaba.

Y a pesar de la seguridad que me brindaban sus brazos, yo sabía que cometía un error. Pero no podía solo alejarme, me atraía demasiado, todo en él era como una droga, su perfume, su piel, sus labios, sus ojos, su voz... incluso sus mentiras.

El beso se acabó y con él toda posibilidad de negar cuanto lo quería. Me sentí llena de pasión y deseo, pero a la vez de una oscura impotencia. Lo amaba, lo amaba como a nadie, lo amaba más que a mi vida, pero no podía soportarlo.

Las lágrimas no dejaban de caer.

-Te amo –contesté finalmente. Vi que su expresión cambiaba, él pareció feliz por un instante, y entonces decidí que era el momento de romper su corazón, como él había roto el mío –pero no puedo con esto otra vez.

Y sin más, me di vuelta y eché a correr, sin mirarlo, sin escuchar lo que tenía para decirlo, sin darle la oportunidad de convencerme otra vez. Hizo pedazos mi alma cada vez que pudo.


Después de tantos años todavía siento un pequeño pero punzante dolor en las heridas que él me dejó. Hoy, incluso enamorada, todo lo que él fue sigue doliendo en un costado de mi corazón. No fue el amor de mi vida, ni mi más grande amor, pero fue sin duda una pequeña historia de la que aprendí mucho, y que quedó ahí, guardada dentro de mí, en un rinconcito oscuro.